ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO. Memorias de una vida plena


ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO

Memorias de una vida plena

Por Germán López Bravo

Dedicatoria

A María, mi compañera de vida, mi amor, cómplice y madre de nuestro hijo.
A Carlos, nuestro hijo, que dedica su vida a combatir la enfermedad que acabó con su madre.

Una vida entre dos vocaciones

Me llamo Germán López Bravo, tengo 78 años y, al mirar atrás, descubro que mi vida ha transcurrido entre dos grandes vocaciones: la política y la pintura. Dos caminos aparentemente distintos, pero unidos por una misma inquietud: observar la realidad, interpretarla y expresar aquello en lo que creo.
Nací en Bilbao, en una España de posguerra, de esfuerzo y de escasez. Allí transcurrieron mi infancia y juventud. Estudié en Indautxu y en el Instituto Miguel de Unamuno, antes de iniciar mis estudios en la Escuela de Comercio y posteriormente en la Facultad de Ciencias Económicas de Sarriko, en Deusto.
Tuve unos padres maravillosos y crecí aprendiendo que las cosas importantes se consiguen con trabajo, constancia y esfuerzo. Sin saberlo entonces, también comenzaba a desarrollar esa mirada curiosa y observadora que años después encontraría su expresión en la pintura.

De la calle a la dirección empresarial

Mi trayectoria profesional comenzó en Rank Xerox, la multinacional norteamericana dedicada a las tecnologías de oficina. Entré como comercial, recorriendo las calles de Bilbao y su provincia, puerta a puerta. Desde aquel comienzo fui asumiendo responsabilidades hasta dirigir la compañía en Álava, La Rioja y Miranda de Ebro, y posteriormente en Castilla y León.
En 1993 regresé a Bilbao, donde continué mi carrera profesional hasta la jubilación, después de aproximadamente 35 años vinculado a la empresa.
Aquellos años exigieron sacrificios familiares, especialmente para nuestro hijo Carlos, que tuvo que cambiar varias veces de colegio por nuestros traslados.
Sin embargo, supo convertir las dificultades en oportunidades. Estudió Ingeniería Aeronáutica en la Universidad Politécnica de Madrid y posteriormente Ingeniería Biomédica en la Universidad de Illinois Chicago. Hoy, con 48 años, vive en Chicago, está casado con Robin y es vicepresidente y director tecnológico de Prenosis, empresa dedicada a la investigación y desarrollo de herramientas para combatir enfermedades graves, especialmente la sepsis.
Un orgullo para sus padres.

La política: convicción, compromiso y libertad

Mi vinculación política comenzó en 1979, con la llegada de la democracia, cuando me incorporé a Alianza Popular, el partido de Manuel Fraga Iribarne, que posteriormente se transformaría en el Partido Popular.
Nunca entendí la política como una ambición personal, sino como una forma de compromiso con la sociedad.
Mi trayectoria municipal tuvo uno de sus escenarios más difíciles en Ondárroa (Vizcaya), donde fui concejal y portavoz del Partido Popular durante dieciséis años, entre 1995 y 2011.
Defender allí las ideas constitucionalistas, la libertad y la unidad de España no era una tarea sencilla. Durante doce años estuve amenazado por ETA y viví dieciocho años con dos escoltas personales. Fui reconocido oficialmente como víctima del terrorismo etarra.
Aquellos años estuvieron marcados por la presión, el aislamiento y las dificultades de ejercer la representación política en un entorno especialmente complicado. Sin embargo, nunca contemplé abandonar.
Recordar a compañeros asesinados por ETA, como Miguel Ángel Blanco, Gregorio Ordóñez, José Luis Caso, José Luis López de Lacalle o Manuel Zamarreño, era también recordar por qué merecía la pena continuar.
Mi lema personal siempre ha sido:
«Conservador por nacimiento, liberal por conocimiento, monárquico por sentimiento y católico por devoción».
Ejercí mi responsabilidad desde la oposición, defendiendo la libertad individual, la igualdad de los españoles, el respeto a la ley y la convivencia democrática.
2007: el día que pude ser alcalde de Ondárroa
Uno de los episodios más singulares de mi trayectoria ocurrió en 2007.
Tras las elecciones municipales, fui el único concejal electo que acudió a recoger su acreditación en el Ayuntamiento de Ondárroa. Los demás representantes no se presentaron en aquellas circunstancias de enorme tensión.
Consideré que aquella situación debía tener consecuencias institucionales y que, como único concejal acreditado, me correspondía asumir la alcaldía. Sin embargo, se constituyó una Comisión Gestora en la que el PNV obtuvo la presidencia, con una importante presencia de sus responsables políticos.
Tomé posesión bajo un impresionante dispositivo de seguridad: unos ochenta ertzainas, además de mis dos escoltas personales.
La presión existente impidió que pudiéramos celebrar los plenos en el propio Ayuntamiento, por lo que tuvimos que reunirnos durante cuatro años en dependencias de la Diputación Foral de Vizcaya.
Aquel episodio tuvo repercusión en numerosos medios de comunicación y fui invitado a contar mi experiencia en distintas televisiones.
Fue una etapa que me marcó profundamente. No por los cargos que no llegué a ocupar, sino por haber mantenido mi compromiso cuando hacerlo suponía asumir riesgos personales.
Después de mi etapa, no volvió a haber ningún concejal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Ondárroa.

El regreso a mis raíces: el Cerrato palentino

Al llegar la jubilación, María y yo decidimos establecer nuestra residencia en Baltanás, su pueblo, en el Cerrato palentino, una tierra que conocía desde mi juventud por mis visitas familiares a Hontoria de Cerrato.
Aunque nací en Bilbao, mis raíces familiares están profundamente vinculadas a esta comarca. Décadas después, la vida me devolvía a una tierra que siempre había sentido cercana.
Mi compromiso político continuó en Cevico de la Torre, donde soy concejal del Partido Popular, además de pertenecer a la Ejecutiva Provincial de Palencia.
Pero mi vinculación con el Cerrato va mucho más allá de la política. A través de mi blog Cerrateando y de las redes sociales, donde cuento con más de 27.000 seguidores, intento difundir su historia, sus pueblos, sus paisajes, sus tradiciones y su patrimonio.
Me gusta firmar mis trabajos como «El Cerrateño». No es simplemente un seudónimo: es una declaración de identidad.

El pintor y el nacimiento de los pintogramas

La pintura estuvo presente en mi vida mucho antes de que llegaran la empresa y la política. Durante mis años de estudiante en Bilbao, un profesor del instituto, de apellido Santurtun, descubrió mi afición por el dibujo y me animó a desarrollarla. Siempre le estaré agradecido.
Más adelante, las responsabilidades profesionales y familiares dejaron poco espacio para aquella vocación, pero nunca desapareció.
Con los años regresé a la pintura al óleo, encontrando en el impresionismo mi lenguaje artístico y en Vincent van Gogh uno de mis grandes referentes. El color, la luz y la fuerza expresiva de sus obras siempre me han acompañado.
A lo largo de mi trayectoria he realizado 47 exposiciones en Bilbao, Cantabria, Vitoria y Palencia.
Pero mi inquietud artística no terminó ahí.
Durante el confinamiento de la pandemia, cuando el mundo parecía haberse detenido, nació una nueva forma de expresión que decidí llamar pintograma.
Con lápices de colores, ceras, crayolas y rotuladores, sobre cartulinas y paspartú, comencé a desarrollar un lenguaje visual propio.
El pintograma no pretende reproducir simplemente la realidad. Busca condensarla, sugerirla y hacer que quien contempla la obra participe también en su interpretación.
Es una combinación de pintura, abstracción y simbolismo. Una manera personal de comunicar ideas y emociones a través del color y las formas.
Mi lema artístico es: «Dibujar también es pintar».
Si Van Gogh me enseñó a sentir el color, los pintogramas me han enseñado a pensar con él.

María, la compañera de una vida

Hay una persona sin la cual mi historia no podría entenderse: María.
La conocí en Baltanás cuando tenía trece años. Volví a encontrarla a los diecisiete, en una playa cercana a Bilbao, y desde entonces permanecimos juntos durante 51 años.
Fue mi compañera, mi cómplice y el apoyo fundamental en cada etapa de nuestra vida. Compartió conmigo los traslados profesionales, las responsabilidades políticas, las amenazas y las decisiones que marcaron nuestro camino.
Pero María tuvo también su propia trayectoria profesional, construida con esfuerzo y mérito. Obtuvo sus plazas en Osakidetza y posteriormente en la Diputación Foral de Vizcaya, donde trabajó hasta su jubilación.
Fue una mujer fuerte, independiente y con una personalidad extraordinaria. Superó dos veces el cáncer, pero finalmente falleció en enero de 2026, a los 71 años, víctima de una sepsis.
La vida quiso que nuestro hijo Carlos dedicara precisamente su carrera profesional a investigar y combatir esa enfermedad en Estados Unidos. La paradoja de que no pudiera salvar a su propia madre es un dolor difícil de expresar.
En su sepultura hemos querido dejar escrito un epitafio que habla de nosotros dos:
«NI LA MUERTE PODRÁ SEPARARNOS».
María está presente en cada recuerdo, en cada decisión y en cada página de esta historia. Este relato también existe gracias a ella y está dedicado a su memoria.

Una vida plena

Hoy, con 78 años, miro atrás sin nostalgia, pero con emoción y gratitud.
He sido trabajador, directivo, político, concejal, escritor y pintor. He conocido el éxito profesional, las dificultades, las amenazas, la responsabilidad pública y también la felicidad de una familia que ha sido el centro de mi existencia.
He recorrido buena parte de España, pero he terminado encontrando mi lugar en el Cerrato palentino, la tierra de mis antepasados.
Sigo escribiendo en Cerrateando, sigo pintando y sigo defendiendo aquello en lo que creo.
No sé cuál de mis dos vocaciones, la política o la pintura, ha ocupado más espacio en mi vida. Probablemente ninguna podría entenderse sin la otra.
Porque, al final, ambas han sido maneras de expresar lo que soy.

                  FIN

Germán López Bravo
Concejal por la Libertad
El Cerrateño

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