ARTICULO SOBRE LOS BAÑOS EN BALTANÁS Y OTROS PUEBLOS CERRATEÑOS
En los pueblos pequeños, durante muchos años, la relación con el agua fue distinta a la de las ciudades o las zonas costeras. En lugares como Baltanás, en pleno Cerrato palentino, no había río caudaloso ni piscina municipal durante buena parte del siglo XX. Para los jóvenes y los adolescentes, aprender a nadar no era algo natural ni cotidiano: simplemente no tenían dónde hacerlo. El verano se llenaba de polvo y de campos dorados, pero no de chapuzones. Para muchos, el agua era algo casi exótico, visto en excursiones ocasionales o en viajes familiares a la costa. Y cuando llegaba el momento de enfrentarse al mar, aparecía también el respeto, incluso el miedo. No se trataba de torpeza, sino de falta de oportunidad. Nadie les había enseñado, porque no había lugar para aprender. Yo mismo lo comprendí de verdad años después, cuando conocí a mi mujer en una playa del País Vasco. Sonaba una música lenta, casi como un vals que parecía venir de algún chiringuito cercano, y el mar estaba allí, i...