LOA A MI QUERIDA MIMOSITA
Perder a la esposa con la que se ha compartido la vida es uno de los dolores más profundos que existen. Hoy me he levantado con una gran dosis de nostalgia y añoranza que me ha llevado a escribirte estas palabras. Preciosa y querida Maria, hoy no te digo adiós, porque sé que el adiós es para quienes pierden la esperanza, y yo que soy un un hombre de fé convencido, no la he perdido. Te digo “hasta luego”, porque creo firmemente que esto no es el final, sino una separación momentánea en el camino, hasta que nos volvamos a encontrar, para vivir juntos una vida eterna. Desde aquel 4 de enero, el silencio de la casa tiene tu nombre. Cada rincón guarda tu presencia, cada recuerdo es una caricia y también una lágrima. Pero junto al dolor, vive el agradecimiento inmenso por haberte tenido a mi lado durante 51 años, por tu bondad, tu paciencia y tu amor constante. Gracias por la vida compartida, por los días sencillos, por los muchos, variado...