ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO - MEMORIAS DE UNA VIDA PLENA

ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO

Memorias de una vida plena




Dedicatoria

A María, mi compañera, complice y madre

A mi hijo Carlos, que combate cada día a la enfermedad que acabó con su madre.



Introducción


Me llamo Germán López Bravo. Tengo 78 años y, al mirar atrás, veo una vida dividida —o quizá unida— entre dos vocaciones que han marcado mi camino, la política y la pintura.

No he sido nunca un hombre de medias tintas, ni en el compromiso público, ni frente al lienzo. En ambos terrenos he buscado siempre lo mismo, dejar huella, interpretar la realidad y defender una manera de entender España, mi tierra y mi gente.

Durante años he ejercido responsabilidades políticas en el entorno del Partido Popular, donde he aprendido que la vida pública exige firmeza, constancia y, sobre todo, honestidad y sentido de servicio, pero antes, durante y después de la política, ha estado siempre la pintura,  silenciosa, exigente, íntima.


Capítulo 1: Raíces - Los años de Bilbao



      
Con mi querida madre


Nací en Bilbao, en una España muy distinta a la actual, una España del esfuerzo, de la  escasez y de valores claros. 

Aquellos años de la posguerra forjaron mi carácter, aprendí pronto que las cosas importantes no se regalan, se trabajan.

Mi entorno, mis primeras vivencias, los paisajes y las gentes que me rodeaban fueron también mis primeras “escuelas”. 

Tuve unos padres maravillosos. Fuí hijo único hasta los siete años, en que llegó mi hermana Ana.

Me formé en la escuela de Indautxu y más tarde en el instituto Miguel de Unamuno, el "insti", antes de dar el salto a los estudios superiores. Empecé en la Escuela de Comercio y después pasé a  la recien creada Facultad de Ciencias Economicas, en Sarriko - Deusto.

Sin saberlo, ya estaba empezando a mirar el mundo como lo hace un pintor, observando los detalles, la luz, los contrastes.

La calle era nuestro territorio, mucho jugar a fútbol, al billar, al futbolin, la playa y el monte. 

Bilbao tenía entonces un color gris especial, pero desde pequeño aprendí a querer a aquella ciudad con su ría, sus colinas y su carácter fuerte.

Incluso llegué a jugar además de al futbol, al beisbol, en un equipo llamado "Soberano", algo insolito en aquellos tiempos, por lo novedoso, que dice mucho de la curiosidad y el espiritu abierto que siempre me acompañó.

 
Capítulo 2: Rank Xerox - De la calle a la dirección



El mundo de los negocios no me era ajeno, mi padre tenía un almacen de papeleria y suministro de material de oficina y desde pequeño respiré ese ambiente. 

Cuando él enfermó, la familia pasó por momentos dificiles, aunque afortunadamente se recuperó y volvíó a hacerse cargo de su negocio.

Pasados los venticinco años, decidí labrarme mi propio camino y me presente a una oferta de trabajo como comercial en la empresa norteamericana Rank Xerox, que comercializaba copiadoras y ordenadores. 

Me aceptaron y comenzo una carrera que marcó décadas de mi vida.

Empecé desde abajo, como se debe, vendiendo puerta a puerta en las calles de Bilbao y la provincia. Aquel trabajo de calle me enseñó más que cualquier aula, me enseñó a escuchar, a convencer, a entender lo que necesita la gente.

Con el tiempo, me nombraron responsable de la firma en Alava, Rioja y Miranda de Ebro y posteriormente llegue a ser Director de Rank Xerox en Castilla y León, cargo que ocupé hasta 1993, año en que de nuevo regrese a Bilbao, donde continué en Rank Xerox hasta mi jubilación. 

Una empresa, una  vida entera.

Una carrera así tiene su precio.

Mi hijo Carlos tuvo que cambiar de colegio en tres ocasiones por culpa de nuestros traslados. No fue facil para él, ni para nosotros como familia.

Carlos demostró una fortaleza admirable y poco habitual, estudió Ingenieria Aeronáutica en la Universidad Politecnica de Madrid, después cruzó el Atlantico para especializarse en Ingenieria Biomecanica en la Universidad de Illinois Chicago (UIC) y hoy a los 48 años, Vicepresidente y CTO de la empresa Prenosis, en Chicago. 

(CTO significa Chief Technology Officer, que en español suele traducirse como Director de Tecnología o Director Técnico).
Es uno de los cargos ejecutivos más importantes de una compañía y suele encargarse de

* Definir la estrategia tecnológica de la empresa.
* Supervisar el desarrollo de productos y servicios tecnológicos.
* Dirigir a los equipos de ingenieros, programadores e investigadores.
* Evaluar nuevas tecnologías e innovaciones.
* Asegurar que la tecnología apoye los objetivos de negocio.

Está casado y tiene dos hijos. 

Un padre no puede pedir más.


Capítulo 3: El compromiso político - Convicción y valentia 




Mi entrada en la política nació con la Democrácia misma, no fue fruto de la ambición, sino del compromiso. Entendí que no basta con opinar, hay que implicarse.

Desde 1979, cuando España estrenaba su nueva etapa, me vinculé a Alianza Popular, el partido que presidía Don Manuel Fraga Iribarne, que por cierto, Don Manuel me acompaño en una lista electoral en Ondarroa. 

No fue una moda, ni una oportunidad, fue una convicción. 

Cuando Alianza Popular se transformó en el Partido Popular, continué sin dudar.

Dentro del Partido Popular, desarrollé una larga trayectoria como concejal, portavoz y miembro de las ejecutivas, defendiendo ideas claras: la unidad, la responsabilidad institucional y el respeto a la tradición.

Mi ideario siempre ha sido claro y lo puedo resumir en estas cuatro palabras: "Conservador por nacimiento, Liberal por conocimiento, Monárquico por sentimiento y Católico por devoción".

La política me dio experiencias intensas: debates, decisiones difíciles, momentos de satisfacción y también de desgaste, pero nunca me arrepentí de haber dado ese paso.

A mi regreso a Bilbao desde Castilla y León, decidí dar un paso más, quería pasar de colaborar a actuar y me presente como concejal  en las listas de mi partido de toda la vida, el PP, en Ondarroa (Vizcaya), que era y es un municipio gobernado por el nacionalismo y con fuerte presencia de los proetarras de EH Bildu. Defender allí los principios de un partido españolista como el PP no era un gesto menor, era un acto de valentia, porque la amenaza era real.

También perteneci a Ejecutiva del Partido Popular de Vizcaya, con Antonio Basagoiti y Carlos Iturgaiz.

Durante doce años estuve amenazado y en la diana del Comando Bizkaia de ETA, en los peores años, los denominados de plomo.

Durante dieciocho años viví con escolta. Dos personas que, más allá de su función profesional, se convirtieron en parte inseparable de mi vida cotidiana. Les doy mi gratitud y nunca los olvidaré. 

No era una elección, era la consecuencia de un tiempo en el que defender determinadas ideas en el País Vasco implicaba asumir riesgos reales.

El acoso no fue puntual ni anecdótico, fue constante, persistente, en ocasiones llevado a extremos difíciles de explicar a quien no lo ha vivido. No se trataba solo de una amenaza concreta, sino de un clima, miradas, silencios, tensiones, una presión ambiental que buscaba desgastar, aislar y doblegar. Cada mañana, salir de casa era un acto de coraje, una posición que exigía no solo trabajo político, sino una determinación personal inquebrantable. 

En más de una ocasión, la soledad institucional era evidente, pero no la moral.

Ejercer como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondárroa durante dieciséis años no fue una tarea menor, fue, sobre todo, un ejercicio continuo de responsabilidad en un entorno político complejo, donde no siempre ha sido fácil defender con normalidad posiciones constitucionales y de libertad.

Desarrollé mi labor desde la oposición durante la mayor parte de este tiempo, lo que obliga a una actitud firme, vigilante y, al mismo tiempo, constructiva. 

Frente a la tentación del conformismo o del silencio, he entendido siempre que la obligación de un concejal es fiscalizar al gobierno municipal, proponer alternativas y dar voz a quienes piensan distinto.

Es anecdótico que en el Ayuntamiento, tuviera durante los 16 años una traductora de vascuence, a pesar de que todos hablaban el castellano, pero se trataba de doblegarme, no lo consiguieron.

Había razones profundas para seguir.

No se puede entender aquella resistencia sin apelar a la memoria. A la memoria de quienes pagaron el precio más alto. Nombres que no son solo historia, sino referencia moral: Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, Gregorio Ordóñez, José Luis López de Lacalle, Manuel Zamarreño… y tristemente, tantos otros. 


Cada uno de ellos representaba una obligación silenciosa, no ceder, no callar, no abandonar.

Sin embargo, permanecí como Concejal - Portavoz único en el Ayuntamiento de Ondarroa, plantando cara cada día al nacionalismo excluyente. 

Fui declarado Victima del Terrorismo etarra.


Mi decisión de continuar no fue heroica, fue en cierto modo, inevitable. Porque cuando uno ha cruzado una determinada línea —la del compromiso real— ya no hay espacio para la comodidad de la renuncia.

Resistí por convicción, por coherencia y por respeto.
Por los que ya no estaban y por los que aún creíamos que merecía la pena seguir defendiendo la Libertad y la Democrácia en España. 


     Libro donde se relatan.             nuestras experiencias

Hay quienes ejercen la politica desde la comodidad, yo la ejercí desde la amenaza y no me arrepiento, lo volvería a hacer.

Una política municipal exigente y, a veces, difícil. 

Ondárroa es un municipio con identidad propia, con una fuerte personalidad social y política. Eso, que es una riqueza, también ha supuesto en ocasiones un clima poco propicio para la pluralidad plena de ideas. 

En ese contexto, mantener una posición clara y sin complejos no siempre ha sido sencillo. Sin embargo, he defendido siempre que la Democrácia se mide precisamente por la capacidad de convivir con la discrepancia, en ese sentido, mi compromiso ha sido constante, respeto institucional, pero también exigencia democrática.



La política cercana, donde todo se ve de verdad. 

La política municipal no permite esconderse. Cada decisión tiene un impacto directo: en los barrios, en los servicios, en la vida cotidiana de los vecinos. Y eso obliga a estar presente, a estudiar los expedientes y a no votar en función de la comodidad, sino del interés general.

Recuerdo, por ejemplo, debates intensos en los plenos municipales sobre inversiones básicas en mantenimiento urbano, donde la postura del grupo popular ha sido insistir una y otra vez en la necesidad de priorizar lo esencial frente a lo accesorio. En más de una ocasión, esas intervenciones han servido para corregir decisiones o reorientar partidas presupuestarias.

También ha habido momentos especialmente significativos, como cuando  planteaba iniciativas relacionadas con la convivencia y el respeto institucional, en los que ha sido necesario recordar que las instituciones están por encima de cualquier interés partidista.

A lo largo de aquellos  dieciséis años, se acumulan muchas situaciones que reflejan la realidad de la política local.

Recuerdo especialmente un pleno en el que una propuesta del Grupo Popular fue inicialmente recibida con fuerte oposición, pero que, tras el debate y la argumentación técnica, terminó siendo asumida parcialmente por el equipo de gobierno. Ese tipo de momentos demuestran que la insistencia serena y bien fundamentada tiene sentido.

También han sido frecuentes las conversaciones con vecinos fuera del Ayuntamiento, en la calle, que son quizá la parte más valiosa de esta responsabilidad. 

Recuerdo con cariño el homenaje que mis votantes me hicieron en Bilbao.

         Placa homenaje

Muchas de las iniciativas que he defendido nacen precisamente de esas conversaciones cotidianas, donde los problemas reales se expresan sin filtros ni intermediarios.

Una convicción firme, servir con coherencia. Desde mi responsabilidad como portavoz del Partido Popular, he defendido siempre unos principios claros: la defensa de la libertad individual, la igualdad de todos los españoles, el respeto a la ley y la necesidad de una gestión eficaz de los recursos públicos.

En ocasiones, esas posiciones no han sido cómodas, pero la política no está para buscar comodidad, sino para asumir responsabilidades.

Mirando con serenidad lo recorrido, hoy, al hacer balance de estos dieciséis años, lo hago con la tranquilidad de haber mantenido una línea coherente y de haber trabajado siempre con rigor. con aciertos y errores, como cualquier trayectoria pública, pero con una convicción intacta, la coherencia y la lealtad. 



Agradezco a los vecinos de Ondárroa su confianza, y también a quienes, desde posiciones distintas, han contribuido a que el debate político exista y no se diluya.

Porque, en democracia, lo importante no es pensar todos igual, sino que todos puedan pensar y expresarlo con libertad.

El día que pude ser alcalde

El episodio más surrealista — y más revelador — ocurrió en 2007. Llegado el momento de acreditar la condición de concejal, yo fui el único que se presentó. Los concejales del PNV y demás partidos, por cobardía, no acudieron. Según la ley, aquello me convertía en el único representante legítimo, y debería haber sido nombrado alcalde de Ondarroa, pero el PNV se sacó de la manga una Gestora improvisada, y como yo era el único no nacionalista, la presidencia recayó en uno de los suyos. 

De la Gestora, formaron parte primeros espadas del PNV, como Josune Aristondo, ex Secretaria General del PNV con Javier Arzallus o Esther Solabarrieta, esposa de Iñaki Anasagasti. 

Los cargos institucionales y orgánicos más relevantes que ostentaban entonces eran los siguientes: 

* Josune Ariztondo
Secretaria del Euzkadi Buru Batzar (EBB), la ejecutiva nacional del PNV. 

* José Luis Garai
Secretario del Bizkai Buru Batzar (BBB), la ejecutiva del PNV en Bizkaia. 

* Ricardo Gatzagaetxebarria
Parlamentario Vasco; había sido diputado en el Congreso y senador. 

* María Esther Solabarrieta
Ex diputada foral de Medio Ambiente de Bizkaia. 

* Amaia Espinosa
Apoderada (procuradora) en las Juntas Generales de Bizkaia. 

* Gotzon Lobera
Director General de Euskera de la Diputación Foral de Bizkaia. 

* Ibon Aranbarri
Director General de la Orquesta Sinfónica de Bilbao (BOS). 

* Félix Aranbarri
Exalcalde de Ondarroa y primer alcalde de la democracia en la localidad. Fue elegido presidente de la gestora. 

* Joseba Ander Rosales
Militante y representante local del PNV en Ondarroa. 

* Ignacio Santa
Miembro de la Ejecutiva de EB-Berdeak en Bizkaia.

La Comisión Gestora de Ondarroa 

La Comisión Gestora de Ondarroa (2007) estuvo formada finalmente por 11 miembros, repartidos así:

🟢 PNV (9 miembros)
Félix Aranbarri (presidente de la gestora)
Josune Ariztondo
José Luis Garai
Ricardo Gatzagaetxebarria
María Esther Solabarrieta
Amaia Espinosa
Gotzon Lobera
Ibon Aranbarri
Joseba Ander Rosales
🟣 EB-Berdeak (1 miembro)
Ignacio Santa
🔵 PP (1 miembro)
Germán López Bravo

La Democrácia, aquella mañana, se dobló ante la presión proetarra. 



Tomé posesión escoltado por ochenta ertzainas (policías vascos), además de mis dos escoltas personales. 

Fue un día impresionante, tenso, histórico. Nunca pudimos celebrar los plenos en el Ayuntamiento de Ondarroa, teníamos que reunirnos en estancias de la Diputación Foral de Vizcaya. 
Aquel gesto de presentarme solo, sin rendirme, fue noticia en todo el mundo.

Hay momentos en que un hombre solo, plantado ante la intimidación, vale más que cien que se esconden. Aquel fue uno de esos momentos.


Capítulo 4: Dos vidas, un mismo espíritu




Muchos me han preguntado si me siento más político o más pintor. La respuesta es sencilla: soy ambas cosas.

La política me enseñó a mirar la realidad colectiva; la pintura, a interpretarla desde lo personal. En el fondo, ambas disciplinas comparten algo esencial: la necesidad de comunicar.

Ejercer como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondárroa durante dieciséis años no fue solo una responsabilidad política: es, sobre todo, una experiencia vital profundamente marcada por el compromiso, la constancia y el respeto a los vecinos.

Cuando uno inicia su andadura en la política municipal, lo hace con ideas, con principios y con ilusión. 

Pero es el paso del tiempo el que pone a prueba la coherencia, la capacidad de diálogo y, en muchas ocasiones, la firmeza para defender aquello en lo que se cree, incluso cuando no resulta fácil.

Ondárroa ha sido durante estos años un escenario exigente, un municipio con identidad fuerte, con una historia singular y con una ciudadanía que valora la cercanía y la autenticidad. Desde la oposición, que ha sido mi posición durante buena parte de este tiempo, he procurado ejercer una labor constructiva, fiscalizadora y siempre orientada al interés general.

No siempre se coincide, ni debe ser así en democracia. Pero sí creo firmemente en una política basada en el respeto institucional y personal. He defendido propuestas, he presentado iniciativas y he alzado la voz cuando lo he considerado necesario, con la convicción de que la pluralidad enriquece la vida pública.

Ser Portavoz implica también asumir la responsabilidad de representar a muchas personas que confían en un proyecto político. En mi caso, el del Partido Popular, con unos valores claros: la defensa de la libertad, la unidad, la gestión responsable y el compromiso con España, también desde lo local.

Escrito de la Casa Real en el que me trata de Concejal por la Libertad 

A lo largo de estos dieciséis años, he aprendido que la política municipal es la más cercana al ciudadano. Es donde los problemas se perciben con mayor nitidez y donde las decisiones tienen un impacto directo en la vida diaria: servicios, infraestructuras, convivencia. Esa cercanía exige trabajo constante y una gran capacidad de escucha.

No han faltado dificultades. Hoy, al mirar atrás, lo hago con la tranquilidad de haber intentado actuar con honestidad y responsabilidad. Y con el convencimiento de que la política, bien entendida, sigue siendo una herramienta imprescindible para mejorar la sociedad.

Mi gratitud a quienes han confiado en mí durante estos años, y también a quienes, desde posiciones distintas, han contribuido con su trabajo al desarrollo de nuestro municipio.

Porque, por encima de siglas, Ondárroa siempre merece lo mejor.


Capítulo 5: Resistir



Durante dieciocho años viví con escolta. Dos personas que, más allá de su función profesional, se convirtieron en parte inseparable de mi vida cotidiana. No era una elección; era la consecuencia de un tiempo en el que defender determinadas ideas en el País Vasco implicaba asumir riesgos reales.

El acoso no fue puntual ni anecdótico. Fue constante, persistente, en ocasiones llevado a extremos difíciles de explicar a quien no lo ha vivido. No se trataba solo de una amenaza concreta, sino de un clima: miradas, silencios, tensiones, una presión ambiental que buscaba desgastar, aislar y doblegar, sin embargo, nunca pensé en tirar la toalla.

Durante los años que fuí concejal único del Partido Popular en Ondárroa, fue una posición que exigía no solo trabajo político, sino una determinación personal inquebrantable. En más de una ocasión, la soledad institucional era evidente, pero no la moral.

Había razones profundas para seguir. No se puede entender aquella resistencia sin apelar a la memoria. A la memoria de quienes pagaron el precio más alto, mis compañeros asesinados por ETA por defender la Libertad y a España.

Cada uno de ellos representaba una obligación silenciosa: no ceder, no callar, no abandonar.

Mi decisión de continuar no fue heroica; fue, en cierto modo, inevitable, algún periodista me trató de "heroe" y otro como "el último mohicano". Porque cuando uno ha cruzado una determinada línea —la del compromiso real— ya no hay espacio para la comodidad de la renuncia.

Resistí por convicción, por coherencia y por respeto.

Por los que ya no estaban y por los que aún creíamos que merecía la pena seguir defendiendo la Libertad.




Mi compromiso político en Ondarroa: servicio, firmeza y defensa de la libertad



                En la pancarta de una manifestación contra el terrorismo, junto al Presidente Rajoy


Durante dieciséis años ejercí como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondarroa, una etapa que marcó profundamente mi vida política y personal. 

No fueron años fáciles. Fueron tiempos en los que defender la libertad, la Constitución y la presencia de nuestro proyecto político en el País Vasco exigía no solo convicción, sino también coraje.

Mi labor institucional siempre estuvo guiada por el respeto a los vecinos, la defensa del Estado de Derecho y la voluntad de representar a una parte de la sociedad que, durante demasiado tiempo, se sintió silenciada. Como Víctima del Terrorismo, sé bien lo que significa dar un paso al frente cuando otros optan por callar. 

Y precisamente por eso, nunca entendí la política como una ambición personal, sino como un deber.

Uno de los momentos más significativos de mi trayectoria llegó tras las elecciones municipales de 2007.

La realidad es que mi candidatura estaba en condiciones políticas y democráticas de asumir la alcaldía. Existía un respaldo ciudadano suficiente como para que ese resultado se tradujera en un cambio institucional. Sin embargo, los acuerdos entre otras formaciones lo impidieron.

Pude y debí ser alcalde de Ondarroa en 2007, pues fui el único candidato electo que se presento a por el acta en el Ayuntamiento, ayuntamiento que estaba tomado por los proetarras. 

Tuve que ir a recoger mi acta de concejal entre grandes medidas de seguridad, pues fui el único, todos los demas doce electos no acudieron a recoger sus actas por cobardía. 

Al ser el único electo acreditado debería haber sido elegido alcalde junto al resto de mi candidatura.. No lo fui porque otros partidos decidieron unirse para evitarlo, en una operación política que, si bien legítima desde el punto de vista formal, desvirtuó lo que muchos ciudadanos entendieron como el sentido del voto expresado en las urnas.

El que yo fuera alcalde en una población tan proetarra no gustó a los proetarras de HB, ni a los del PNV, que se sacaron de la manga el crear una Gestora Municipal, en la que pusieron a los altos cargos del PNV  y en un acto en la Diputación Foral de Vizcaya, se votó la presidencia de la Gestora y claro está, salió elegido un representante del PNV.

La consecuencia de la presión habida en Ondarroa contra la Gestora, pues HB se atribuyó la victoria en las elecciones, fue que nunca pudimos celebrar los plenos municipales en el Ayuntamiento de Ondarroa, los celebrámos en dependencias de la Diputación Foral de Vizcaya durante los cuatro años.

Aun así, lejos de abandonar, continué ejerciendo mi responsabilidad con la misma firmeza. Porque en lugares como Ondarroa, ser  concejal del Partido Popular representaba mucho más que un acta: representaba la libertad, la pluralidad y la dignidad democrática.

Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, reivindico aquella etapa con orgullo. 

No por los cargos que no llegaron, sino por el servicio prestado y por haber mantenido, siempre, la coherencia y la lealtad a unos principios.

Hoy, con 78 años, no escribo estas líneas por nostalgia, sino por responsabilidad. Porque creo que cada vida tiene un relato que merece ser contado. Y porque, en tiempos de ruido, conviene dejar testimonio de una forma de vivir, de pensar y de actuar.

Aquel gesto de presentarme solo, sin rendirme, tuvo eco inmediato. Fui invitado a contar mi experiencia en numerosas televisiones. 

Mi historia — la de un concejal que se plantó solo ante el nacionalismo y la intimidación — había tocado algo profundo en la sociedad española. 

No era solo política local; era un símbolo de lo que muchos sentían pero pocos se atrevían a hacer.

Esta fue mi lucha por la Libertad hasta convertirme en una Victima del Terrorismo etarra más.


CAPÍTULO ESPECIAL : María, la compañera de una vida




Hay personas sin las cuales la historia de uno simplemente no se entiende. 

María es una de ellas, más que esposa, fue compañera y cómplice. 

Estuvo presente en cada etapa, en cada decisión, en cada riesgo. 

La conoci en Baltanás con 13 años y cuando la volví a ver con 17 en una playa cercana a Bilbao,  ya no nos separamos, han sido 51 años de felicidad plena. 

Fue una superviviente, venció en dos ocasiones al cáncer  pero sucumbió ante la sepsis. 

Cuando me presenté para Concejal en Ondarroa — aquel municipio hostil, con escolta y amenazas — María estaba en mi lista electoral. 

Cuando decidimos dejar Bilbao y comenzar una nueva vida en Baltanás, su pueblo de Palencia, lo decidimos juntos. 

Cuando me presenté en Cevico de la Torre, volvió a estar en mi lista. Siempre fieles. 

Pero María no era la "segunda" y solo la esposa del político, ni la sombra del ejecutivo, era una mujer hecha a sí misma, con una personalidad extraordinariamente acusada. Sacó sus oposiciones en Osakidetza y posteriormente en la Diputación Foral de Vizcaya, donde trabajó hasta su jubilación. 

Una carrera construida con esfuerzo propio, mérito propio, carácter propio.

Supo estar siempre a la altura — en lo personal, en lo familiar, en lo laboral y en lo político. 

En los momentos difíciles, que los hubo, nunca flaqueó. En los momentos de alegría, los multiplicaba.




María falleció de sepsis en enero de 2026. Tenía 71 años.

En su sepultura, el epitafio dice refiriéndose a nosotrosdos : 
" NI LA MUERTE PODRÁ SEPARARNOS "

La crueldad del destino quiso que nuestro hijo Carlos sea precisamente una autoridad reconocida en la investigación de la sepsis en Estados Unidos. Recorre el país dando conferencias, y a través de su empresa Prenosis, trabaja cada día para salvar vidas de esta enfermedad. La misma enfermedad que se llevó a su madre.

No hay palabras para describir esa paradoja. Un hijo que ha dedicado su vida a combatir la enfermedad de la sepsis, no pudo salvar a quien más quería. 


         
Con mi hijo Carlos 


Carlos lleva a su madre en cada conferencia, en cada investigación, en cada vida que su trabajo consigue salvar. Quizás eso sea, a su manera, una forma de inmortalidad.

Carlos tiene hoy 48 años. Vive en Chicago con su esposa Robin, norteamericana, y sus dos hijos. 

Lejos en la distancia, pero cerca en el corazón. Un bilbaíno que cruzó el Atlántico y echó raíces, sin olvidar nunca de dónde viene.

Este libro existe también gracias a mi adorada Maria y está dedicado a su memoria.


CAPÍTULO 4 : Cevico de la Torre y el Cerrato palentino



Frente al Ayuntamiento de Cevico de la Torre


El Cerrato palentino y concretamente Cevico de la Torre no era tierra desconocida para mí. 

De joven, cuando visitaba a mis abuelos en Hontoria de Cerrato, me escapaba con mis amigos a Cevico de la Torre, un pueblo a catorce kilómetros de Baltanás, que siempre me trajo buenos recuerdos. 

La vida da vueltas, y décadas después, al llegar la jubilación, María y yo decidimos instalarnos definitivamente en Baltanás, su pueblo. 

Yo, fiel a mi naturaleza, no tardé en querer participar en la vida local.

Me ofrecí como Concejal Portavoz del Partido Popular para ir en las lista electoral en Cevico de la Torre. Un ayuntamiento de siete concejales, lo que ya indica que es un municipio de cierta envergadura para la comarca. 

Lo que Ondarroa me dio — dieciséis años de experiencia en la trinchera más dura de la política municipal — me permite llegar a Cevico con una visión diferente, con propuestas que los concejales ceviqueños no habían contemplado antes. 

La experiencia no se improvisa.

Pero mi compromiso con esta tierra va más allá del pleno municipal. A través de mis redes sociales, con más de 27.000 seguidores, difundo el Cerrato palentino, su historia, su paisaje, su identidad. 

Era un leal compromiso con el partido de toda la vida.

En la actualidad pertenezco a la Ejecutiva Provincial de Palencia. 

También escribo artículos sobre esta comarca singular, tratando de poner en valor lo que tantos desconocen.

Cevico de la Torre llegó a mi vida de joven como un lugar de amistad y libertad. Hoy es mi casa, mi tierra de adopción y mi último escenario político. No podría haber elegido mejor final de etapa.

Porque aunque nací en Bilbao, mis raíces son cerrateñas. Toda mi familia es oriunda del Cerrato palentino, y esa sangre siempre estuvo ahí, esperando que yo volviera. 

Cuando escribo mis artículos en el Blog "Cerrateando" y cuando firmo mis obras pictóricas, lo hago siempre como "El Cerrateño". 

No es un seudónimo, es una declaración de identidad. La de un hombre que, después de recorrer medio país, encontró en la tierra de sus ancestros el lugar donde ser él mismo.


CAPÍTULO 5 : El pintor: de Indautxu a los pintogramas





El pintor nació antes que el ejecutivo, antes que el político. Nació en las aulas del Instituto de Bilbao, de la mano de un profesor apellidado Santurtun, que supo ver en aquel chico algo que merecía ser cultivado. 

Él me animó a dibujar, a pintar, a mirar el mundo con otros ojos. Le debo mucho.

La vida profesional — los traslados, las responsabilidades, el ritmo frenético de Rank Xerox — no dejaba mucho espacio para el arte. Pero la vocación no desaparece, espera. 

A medida que me fui asentando, que los cambios de ciudad se espaciaron, el pintor volvió a despertar. 

Empecé a pintar al óleo, y encontré en el Impresionismo mi lenguaje natural. Mi gran referente, mi norte, fue siempre Vincent Van Gogh — ese hombre que pintaba con el alma a flor de piel.

A lo largo de los años realicé 47 exposiciones en Bilbao, Cantabria, Vitoria y Palencia. 

Óleos sobre lienzo, colores vivos, luz. Una vida paralela a la política y la empresa, pero igual de intensa.


El nacimiento de los pintogramas




Luego llegó la pandemia, el mundo se detuvo y nos recluimos en casa. 

Para muchos fue parálisis — para mí fue inspiración. Encerrado entre cuatro paredes, se me ocurrió crear algo nuevo, algo que no existía. Cogí lápices de colores, crayolas, ceras y rotuladores, y sobre cartulinas y paspartú empecé a dar forma a lo que acabaría llamando "pintogramas".


              
Pintograma 


Un nuevo estilo. Un nombre nuevo. Una aportación propia al mundo del arte.
Hay artistas que pasan la vida imitando. Yo preferí crear.

La vocación artística


La pintura no llegó como una moda ni como una distracción, sino como una necesidad. Pintar era —y sigue siendo— una forma de entender la realidad.

Mi estilo ha evolucionado con los años, pero siempre he mantenido una constante: expresar más allá de lo evidente. En algunas etapas, incluso he buscado formas de comunicación simbólica, lo que en ocasiones he denominado “pintogramas”: obras que no solo se contemplan, sino que se interpretan.

El "pintograma" no es un estilo decorativo ni una simple evolución formal. Es una forma de pensamiento visual.

Se sitúa en la intersección entre la pintura tradicional, la abstracción y el lenguaje simbólico. 

Su objetivo no es representar la realidad, sino condensarla.

Nació durante el confinamiento de la pandemia, cuando el silencio obligado se convirtió en espacio de creación. 

Con lápices de colores, crayolas, ceras y rotuladores sobre cartulina o paspartú, fui construyendo un lenguaje propio — síntesis de todo lo aprendido y vivido.


        
Vincent Van Gogh - Pintograma


Si Van Gogh me enseñó a sentir el color, los pintogramas me enseñaron a pensar con él.


   


FIN


     

      Germán López Bravo
   
    Concejal por la Libertad

Con mis compañeros y amigos, María José de la Fuente, Angeles Armisen y Urbano Alonso

Con el Presidente de la Junta de Castilla y León,  Alfonso Fernández Mañueco 












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