ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO
ENTRE LA POLÍTICA Y EL LIENZO
Memorias de una vida pública y creativa - Así defendí la Libertad
Introducción
Me llamo Germán López Bravo. Tengo 78 años y, al mirar atrás, veo una vida dividida —o quizá unida— entre dos vocaciones que han marcado mi camino: la política y la pintura.
No he sido nunca un hombre de medias tintas, ni en el compromiso público, ni frente al lienzo.
En ambos terrenos he buscado siempre lo mismo: dejar huella, interpretar la realidad y defender una manera de entender España, mi tierra y mi gente.
Durante años he ejercido responsabilidades políticas en el entorno del Partido Popular, donde he aprendido que la vida pública exige firmeza, constancia y, sobre todo, sentido de servicio.
Pero antes, durante y después de la política, ha estado siempre la pintura: silenciosa, exigente, íntima.
Capítulo 1: Raíces
Nací en una España muy distinta a la actual, una España de esfuerzo, de escasez y de valores claros.
Aquellos años forjaron mi carácter.
Aprendí pronto que las cosas importantes no se regalan, se trabajan.
Mi entorno, mis primeras vivencias, los paisajes y las gentes que me rodeaban fueron también mis primeras “escuelas”.
Sin saberlo, ya estaba empezando a mirar el mundo como lo hace un pintor, observando los detalles, la luz, los contrastes.
Capítulo 2 : La vocación artística
La pintura no llegó como una moda, ni como una distracción, sino como una necesidad.
Pintar era —y sigue siendo— una forma de entender la realidad.
Mi estilo ha evolucionado con los años, pero siempre he mantenido una constante: expresar más allá de lo evidente.
En algunas etapas, incluso he buscado formas de comunicación simbólica, que cree en medio del "encierro" de la pandemia, lo que en ocasiones he denominado “pintogramas”: obras que no solo se contemplan, sino que se interpretan.
He realizado 48 exposiciones, en distintas provincias de España.
Óleo sobre madera
"Valdecañas de Cerrato"
Óleo sobre lienzo
"San Juan de Gaztelugatxe"
Óleo sobre lienzo
"Los Ollones"
"Punta Galea"
Capítulo 3 : El compromiso político
Mi entrada en la política no fue fruto de la ambición, sino del compromiso.
Entendí que no basta con opinar, había que implicarse.
Dentro del Partido Popular, desarrollé una larga trayectoria como concejal y portavoz, defendiendo ideas claras: la unidad, la responsabilidad institucional , el respeto a la tradición y sobre todo a la Libertad y a España 🇪🇸.
La política me dio experiencias intensas: debates, decisiones difíciles, momentos de satisfacción y también de desgaste.
Pero nunca me arrepentí de haber dado ese paso.
Durante dieciocho años viví con escolta, pues era una persona amenazada por ETA.
Mis escoltas, a los que nunca podre agradecer suficientemente su labor de protección, dos personas muy profesionales, que más allá de su función de protegerme a mi y a mi familia, se convirtieron en parte inseparable de mi vida cotidiana, casi de mi familia.
No era una elección; era la consecuencia de un tiempo en el que defender determinadas ideas en el País Vasco implicaba asumir riesgos reales.
El acoso que sufriamos los constitucionalistas españolistas no fue puntual ni anecdótico.
Fue constante, persistente, en ocasiones llevado a extremos difíciles de explicar a quien no lo ha vivido.
No se trataba solo de una amenaza concreta, sino de un clima: miradas, silencios, tensiones, una presión ambiental que buscaba desgastar, aislar y doblegar.
Y, sin embargo, nunca pensé en tirar la toalla, todo lo contrario, me hizo sentirme útil y necesario.
Durante los años que ejercí como concejal único del Partido Popular en Ondárroa, fue una posición que exigía no solo trabajo político, sino una determinación personal inquebrantable.
En más de una ocasión, la soledad institucional era evidente, pero no la moral.
Ejercer como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondárroa durante dieciséis años no fue una tarea menor.
Fue, sobre todo, un ejercicio continuo de responsabilidad en un entorno político complejo, donde no siempre ha sido fácil defender con normalidad posiciones constitucionales y de libertad.
He desarrollado mi labor desde la oposición durante la mayor parte de aquel tiempo, lo que obligaba a una actitud firme, vigilante y, al mismo tiempo, constructiva.
Frente a la tentación del conformismo o del silencio, he entendido siempre que la obligación de un concejal es fiscalizar al gobierno municipal, proponer alternativas y dar voz a quienes piensan distinto.
Había razones profundas para seguir.
No se puede entender aquella resistencia sin apelar a la memoria.
A la memoria de quienes pagaron el precio más alto.
Nombres que no son solo historia, sino referencia moral: Miguel Ángel Blanco, José Luis Caso, Gregorio Ordóñez, Jesús Mari Pedrosa, Manuel Zamarreño… y tristemente, tantos otros.
Cada uno de ellos representaba una obligación silenciosa: no ceder, no callar, no abandonar.
Mi decisión de continuar no fue heróica; fue, en cierto modo, inevitable.
Porque cuando uno ha cruzado una determinada línea —la del compromiso real— ya no hay espacio para la comodidad de la renuncia.
Resistí por convicción, por coherencia y por respeto, por los que ya no estaban y por los que aún creíamos que merecía la pena seguir defendiendo la Libertad, en una política municipal exigente y, a veces, difícil.
Ondárroa es un municipio con identidad propia, con una fuerte personalidad social y política.
Eso, que es una riqueza, también ha supuesto en ocasiones un clima poco propicio para la pluralidad plena de ideas.
En ese contexto, mantener una posición clara y sin complejos no siempre ha sido sencillo.
Sin embargo, he defendido siempre que la Democrácia se mide precisamente por la capacidad de convivir con la discrepancia.
Y en ese sentido, mi compromiso ha sido constante: respeto institucional, pero también exigencia democrática.
La política cercana: donde todo se ve de verdad.
La política municipal no permite esconderse, cada decisión tiene un impacto directo: en los barrios, en los servicios, en la vida cotidiana de los vecinos.
Eso obliga a estar presente, a estudiar los expedientes y a no votar en función de la comodidad, sino del interés general.
Recuerdo, por ejemplo, debates intensos en los plenos municipales sobre inversiones básicas en mantenimiento urbano, donde la postura del grupo popular ha sido insistir una y otra vez en la necesidad de priorizar lo esencial frente a lo accesorio.
En más de una ocasión, aquellas intervenciones sirvieron para corregir decisiones o reorientar partidas presupuestarias.
También ha habido momentos especialmente significativos, como cuando se planteaban iniciativas relacionadas con la convivencia y el respeto institucional, en los que era necesario recordar que las instituciones están por encima de cualquier interés partidista.
A lo largo de estos dieciséis años, se acumulan muchos recuerdos y situaciones que reflejan la realidad de la política local.
Recuerdo especialmente un pleno en el que una propuesta del grupo popular fue inicialmente recibida con fuerte oposición, pero que, tras el debate y la argumentación técnica, terminó siendo asumida parcialmente por el equipo de gobierno.
Ese tipo de momentos demuestran que la insistencia serena y bien fundamentada tiene sentido.
También eran frecuentes las conversaciones con vecinos fuera del Ayuntamiento, en la calle, que son quizá la parte más valiosa de esta responsabilidad.
Muchas de las iniciativas que he defendido nacen precisamente de esas conversaciones cotidianas, donde los problemas reales se expresan sin filtros ni intermediarios.
Una convicción firme: servir con coherencia.
Desde mi responsabilidad como portavoz del Partido Popular, he defendido siempre unos principios claros: la defensa de la libertad individual, la igualdad de todos los españoles, el respeto a la ley, el orden y la necesidad de una gestión eficaz de los recursos públicos.
En ocasiones, esas posiciones no han sido cómodas, pero la política no está para buscar comodidad, sino para asumir responsabilidades.
Mirando con serenidad lo recorrido, hoy, al hacer balance de aquellos dieciséis años, lo hago con la tranquilidad de haber mantenido una línea coherente y de haber trabajado siempre con rigor, con aciertos y errores, como cualquier trayectoria pública, pero con una convicción intacta.
Agradezco a los vecinos de Ondárroa su confianza, y también a quienes, desde posiciones distintas, han contribuido a que el debate político exista y no se diluya.
Porque, en democracia, lo importante no es pensar todos igual, sino que todos puedan pensar y expresarlo con libertad.
Capítulo 4 : Dos vidas, un mismo espíritu
Muchos me han preguntado si me siento más político o más pintor.
La respuesta es sencilla: soy ambas cosas.
La política me enseñó a mirar la realidad colectiva; la pintura, a interpretarla desde lo personal.
En el fondo, ambas disciplinas comparten algo esencial, la necesidad de comunicar.
Ejercer como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondárroa durante dieciséis años no fue solo una responsabilidad política, ni una circunstancia en la vida, fue un compromiso, es decir, sobre todo, una experiencia vital profundamente marcada por el compromiso, la constancia, el respeto a los vecinos y la convivencia.
Cuando uno inicia su andadura en la política municipal, lo hace con ideas, con principios y con ilusión.
Pero es el paso del tiempo el que pone a prueba la coherencia, la capacidad de diálogo y, en muchas ocasiones, la firmeza para defender aquello en lo que se cree, incluso cuando no resulta fácil.
Ondárroa ha fue durante esos años un escenario exigente.
Un municipio con identidad fuerte, con una historia singular y con una ciudadanía que valora la cercanía y la autenticidad.
Desde la oposición, que ha sido mi posición durante mi carrera política, he procurado ejercer una labor constructiva, fiscalizadora y siempre orientada al interés general.
No siempre se coincide, ni debe ser así en democracia.
Pero sí creo firmemente en una política basada en el respeto institucional y personal.
He defendido propuestas, he presentado iniciativas y he alzado la voz cuando lo he considerado necesario, con la convicción de que la pluralidad enriquece la vida pública.
Ser "portavoz" del PP implica también asumir la responsabilidad de representar a muchas personas que confían en un proyecto político.
En mi caso, el del Partido Popular, con unos valores claros: la defensa de la libertad, la unidad, la gestión responsable y el compromiso con España, también desde lo local.
A lo largo de mi vida política en tantos años, he aprendido que la política municipal es la más cercana al ciudadano.
Es donde los problemas se perciben con mayor nitidez y donde las decisiones tienen un impacto directo en la vida diaria: servicios, infraestructuras, convivencia.
Esa cercanía exige trabajo constante y una gran capacidad de escucha.
No han faltado dificultades.
Hoy, al mirar atrás, lo hago con la tranquilidad de haber intentado actuar con honestidad y responsabilidad y con el convencimiento de que la política, bien entendida, sigue siendo una herramienta imprescindible para mejorar la sociedad.
Mi gratitud a quienes han confiado en mí durante estos años, y también a quienes, desde posiciones distintas, han contribuido con su trabajo al desarrollo de Ondarroa y hoy en Cevico de la Torre, mis queridos municipios.
Porque, por encima de siglas, Ondárroa siempre mereció lo mejor.
Capítulo 5 : Resistir
Durante dieciocho años viví con escolta.
Dos personas que, más allá de su función profesional, se convirtieron en parte inseparable de mi vida cotidiana, en mi familia.
No era una elección; era la consecuencia de un tiempo en el que defender determinadas ideas en el País Vasco, en los años de plomo, en el que "algo habrá hecho", implicaba asumir riesgos reales.
El acoso no fue puntual ni anecdótico, fue constante, persistente, en ocasiones llevado a extremos difíciles de explicar a quien no lo haya vivido.
No se trataba solo de una amenaza concreta, sino de un clima: miradas, silencios, tensiones, una presión ambiental que buscaba desgastar, aislar y doblegar.
Quiero transmitir mi agradecimiento a todos y cada uno de mis escoltas, pues dieron lo mejor de ellos, por defender mi vida y la de mi familia.
Y, sin embargo, nunca pensé en tirar la toalla.
Fui durante años concejal único del Partido Popular en Ondárroa, una posición que exigía no solo trabajo político, sino una determinación personal inquebrantable.
En más de una ocasión, la soledad institucional era evidente, pero no la moral, había razones profundas para seguir.
No se puede entender aquella resistencia sin apelar a la memoria.
A la memoria de quienes pagaron el precio más alto, mis compañeros asesinados por ETA por defender la Libertad y a España.
Cada uno de ellos representaba una obligación silenciosa: no ceder, no callar, no abandonar.
Mi decisión de continuar no fue heroica; fue, en cierto modo, inevitable, algún periodista me trató de "héroe" y otro como "el último mohicano".
Porque cuando uno ha cruzado una determinada línea —la del compromiso real— ya no hay espacio para la comodidad de la renuncia.
Resistí por convicción, por coherencia y por respeto.
Por los que ya no estaban y por los que aún creíamos que merecía la pena seguir defendiendo la libertad.
Capitulo 6 : Mi compromiso político en Ondarroa, servicio, firmeza y libertad
Durante los dieciséis años que ejercí como concejal y portavoz del Partido Popular en Ondarroa, y 8 como candidato no electo, fue una etapa que marcó profundamente mi vida política y personal.
No fueron años fáciles.
Fueron tiempos en los que defender la libertad, la Constitución, España 🇪🇸 y la presencia de nuestro proyecto político en el País Vasco, el del Partido Popular, exigía no solo convicción, sino también coraje.
Mi labor institucional siempre estuvo guiada por el respeto a los vecinos, la defensa del Estado de Derecho y la voluntad de representar a una parte de la sociedad que, durante demasiado tiempo, se sintió silenciada.
Como Víctima del Terrorismo, sé bien lo que significa dar un paso al frente cuando otros optan por callar.
Y precisamente por eso, nunca entendí la política como una ambición personal, sino como un deber.
Uno de los momentos más significativos de mi trayectoria llegó tras las elecciones municipales de 2007.
La realidad es que mi candidatura estaba en condiciones políticas y democráticas de asumir la alcaldía.
Existía un respaldo ciudadano suficiente como para que ese resultado se tradujera en un cambio institucional, sin embargo, los acuerdos entre otras formaciones lo impidieron.
Me hicieron el boicot.
Pude y debí ser alcalde de Ondarroa en 2007, pues fui el único candidato electo que se presentó a por el acta en el ayuntamiento, un ayuntamiento que estaba tomado por los proetarras, impidiendo que yo lograra llegar a que me acreditará.
El secretario tuvo que vajar a la entrada del ayuntamiento para acreditarme como electo, ningún otro electo se presentó.
Siempre los llame cobardes.
Tuve que ir a recoger mi acta de concejal entre grandes medidas de seguridad, 80 policias vascos, pues fui el único, todos los demás, doce electos no acudieron a recoger sus actas por cobardía.
Al ser el único electo acreditado debería haber sido elegido de inmediato, Alcalde electo, junto al resto de mi candidatura.
No lo fui porque los otros partidos cobardes, decidieron unirse para evitar que el PartidoPopular se hiciera con la alcaldía, en una operación política que, si bien legítima desde el punto de vista formal, desvirtuó lo que muchos ciudadanos entendieron como democratico el sentido del voto expresado en las urnas.
Los proetarras de Herri Batasuna, no cedieron, ni acataron la ley.
La simple idea de que yo fuera alcalde en una población tan proetarra como Ondarroa no gusto a los proetarras de HB, ni a los del PNV, que se sacaron de la manga el crear una gestora municipal, en la que pusieron a los altos cargos del PNV, como así fue; y en un acto en la Diputación Foral de Vizcaya, se votó la presidencia de la gestora y claro está, entre mi candidatura y la de los nacionalistas, salió elegido un representante del PNV.
En la Gestora, estában ente otras "figuras" nacionalistas representados Josune Aristondo, ex secretaria general del PNV con Arzallus, la mujer de Anasagasti y otros líderes nacionalistas.
Ondárroa era un plato muy importante para ellos, los cobardes nacionalistas.
Diversos dirigentes vinculados al Partido Nacionalista Vasco, con experiencia en el Congreso de los Diputados, Anasagasti por ejemplo, participaron en un proceso que trascendió el ámbito estrictamente local.
La decisión de crear la Gestora, fue legítima desde el punto de vista formal, pero fue una jugarreta política que generó un debate evidente sobre la interpretación del mandato ciudadano.
La consecuencia de la presión habida en Ondarroa contra la Gestora, pues HB se atribuyó la victoria en las elecciones, fue que nunca pudimos celebrar los plenos municipales en el ayuntamiento de Ondarroa, los celebramos en las dependencias de la Diputación Foral de Vizcaya durante los cuatro años siguientes.
Aun así, lejos de abandonar, continué ejerciendo mi responsabilidad de oposición con la misma firmeza, porque en lugares como Ondarroa, cada concejal del Partido Popular representaba mucho más que un acta: representaba la Libertad, la pluralidad y la dignidad democrática.
Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, reivindico aquella etapa con orgullo.
No por los cargos que no llegaron, sino por el servicio prestado y por haber mantenido, siempre, la coherencia y la lealtad a unos principios y valores.
Hoy, con 78 años, no escribo estas líneas por nostalgia, sino por responsabilidad.
Porque creo que cada vida tiene un relato que merece ser contado. Y porque, en tiempos de ruido, conviene dejar testimonio de una forma de vivir, de pensar y de actuar.
Por eso a mis 78 años, por ser coherente, continúo en la política municipal, que desde 1.195, que comencé como concejal en Ondárroa, hasta el 2.019 que fui elegido por primera vez como Portavoz Concejal en el municipio del Cerrato palentino, Cevico de la Torre, donde sigo defendiendo los principios y valores de la Libertad, la Democracia y a España 🇪🇸
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